Mi madre es la mejor madre del mundo. Ya sé que todo el mundo dice lo mismo, pero es que en mi caso es verdad. Si ya lo dice su nombre: Maló. Que es como medio ma-má. El -ló es sólo para despistar. No quedaría bonito que alguien se erigiera como la mamá de las mamás, aunque lo sea. Y tengo grandes razones para creerlo. Así que no hay discusión en este tema, es la mejor, y punto.

Desde que tengo recuerdos, mi mamá nunca ha cumplido años. Jamás he sabido cuándo, ni cuántos, ni cómo. Es como si no hubiera nacido, como si estuviera ahí desde siempre, en cierta forma. Para mí, en todo caso, está ahí desde siempre (en el sentido literal y en el metafórico). En el colegio, cuando teníamos que rellenar unos papelitos en los que, misteriosamente, se nos preguntaba la edad y fecha de nacimiento de nuestros padres, nunca sabía qué poner. A veces, cuando ya me habían mirado raro compañeros y profesores demasiadas veces, me lo inventaba. A saber qué pondría. En esto mi padre es exactamente igual. Quizás se pusieron de acuerdo antes de que yo naciera. Me los imagino diciendo: “jamás le diremos cuándo cumplimos años, ni cuántos”, “claro que no, ¿para qué tendría que saber eso? Nos hará regalos horribles y tendremos que poner buena cara” Si esto sucedió, tenían razón. Una vez tuve la indecencia de regalarle a mi madre un anillo reloj dorado, que no de oro. Todavía no entiendo cómo pudo hacerme creer que le encantaba.

Pero llega una edad en la que, también misteriosamente, la cosa cambia. Lo sabré yo, que el año pasado le di un disgusto muy grande porque no me acordé de su cumpleaños. Algo totalmente natural en mí. Supongo que a veces se me olvida pensar, y mucho más pensar en lo que pensarán los demás. Tanto es así que, a pesar de que me maldije una y cien veces, este año he vuelto a olvidarme. De la edad no, esa ya me la sé: mi mamá lleva cumpliendo 35 años desde siempre. Así que es fácil. Cuando yo cumpla 35 no sabré qué pensar, debe ser raro tener la misma edad que tu madre.

El caso es que ya no me olvido más, mamá. Tu cumpleaños es el 21 de abril, y ahora sólo tendré que volver aquí cuando no me acuerde. Aunque no sea este el fin del blog. Aquí iré poniendo cositas que te puedan gustar. Lo puedes consultar periódicamente. Además la dirección es fácil de recordar.

Esto es parte de mi regalo de cumpleaños. Que viva en Cataluña no significa que me haya convertido a la religión. También tengo uno de los que se pagan. No es muy original, pero creo que te gustará. Te regalo un fin de semanita para que vengas a visitarme a París. El del 13 de junio. Si te va bien, me lo dices, y ya está.

¿Qué me dices?

Y por cierto: ¡Feliz 35 cumpleaños!

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